Más de 2.300 almerienses han recibido ayuda para dejar de fumar

Más de 2.300 almerienses han recibido ayuda para dejar de fumar

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A lo largo del último año más de 2.300 personas han recibido atención avanzada individual o grupal para abandonar el hábito de fumar en Almería. Ayudar a las personas fumadoras que lo deseen a dejar de serlo, prevenir la adquisición de este hábito desde edades tempranas y reducir el consumo de tabaco entre las profesiones consideradas modélicas (educadores y sanitarios) y colectivos donde la incidencia del tabaquismo es más elevada (personas privadas de libertad, con enfermedad mental y mujeres embarazadas), son las áreas en las que trabaja el Plan Integral de Tabaquismo de Andalucía. Para ello, se han puesto en marcha recursos y se han elaborado estudios específicos para abordar cada situación con una metodología adaptada a sus características concretas. De hecho, poner a disposición de los andaluces un amplio abanico de recursos para dejar este hábito, así como desarrollar medidas que contribuyan a evitar la adquisición del mismo, son dos de las líneas estratégicas del plan integral, activo en Andalucía desde 2005.

Y es que el tabaquismo, que provoca un tercio de las muertes por cáncer, sigue siendo la causa más importante de morbimortalidad evitable de los países desarrollados. De hecho, un 31% de los trastornos cardiovasculares en hombres y un 7% en mujeres son atribuibles al tabaco. En Almería, la prevalencia del tabaquismo es de un 37%.

En cuanto a los indicadores de consumo en Andalucía, destaca el retraso de casi dos años en el inicio del consumo (17,9 años en hombres y 19,4 años en mujeres), situándose el pico máximo de prevalencia entre los 25 y los 54 años. Si bien, de la misma forma que en los últimos años se ha detectado una reducción del número de fumadores diarios entre hombres (pasando del 39,5% en 2003 al 39,4% en 2007 y al 36,77% en 2011), en el caso de las mujeres se ha observado un crecimiento de la prevalencia (23,1% en 2003 y 2007 y un 25,20% en 2011), lo que supone una feminización del hábito.

 

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