Las empresas «inteligentes» dan voz a sus empleados

Las empresas «inteligentes» dan voz a sus empleados

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El profesor de ESIC, Juan Carrión, quién ayer tarde impartió una clase magistral en la Cámara de Comercio organizada en colaboración con esta Escuela de Negocios, afirmó que la diferencia entre una organización idiota y una organización inteligente es la forma en que gestiona los recursos humanos, es decir, el concepto y la forma en que gestiona a sus empleados y sus equipos.

Durante casi dos horas, más de un centenar de alumnos y antiguos alumnos, todos vinculados al mundo empresarial almeriense, de los programas de alta dirección organizados por la Cámara y ESIC, siguieron la clase de Carrión que se desarrolló bajo el título elegido por ESIC “Organizaciones idiotas vs organizaciones inteligentes; en su opinión, lo más complejo para una organización es gestionar personas y en ese sentido, subrayó que los actuales modelos organizativos en las empresas no tienen cabida en el entorno actual.

Flexibilidad, autogestión, corresponsabilidad en la marcha de empresa y detección del clima laboral son entre otras, características que deben darse en las empresas modernas.

El profesor de ESIC indicó que las empresas no sólo deben reinventarse constantemente, sino evitar también el gran error de creerse los mejores y tener prepotencia. Por ello, Carrión apostó por destacar las ventajas de aprovechar la inteligencia de los empleados dejándoles hacer y no diciéndoles constantemente lo que tienen que hacer. Una circunstancia que sí sucede en las organizaciones idiotas donde se comete el error de pensar que alguien que ha estado 20 años en una empresa realizando lo mismo sin cambios es mejor que alguien que con 5 años ha realizado aportaciones innovadoras.

Destacó la importancia de que en la empresa se fomente una visión compartida, creando unas metas y valores compartidos, sin olvidar compartirlos con los empleados y aprender en equipo.

La combinación de los distintos tipos de inteligencia desde la cultural, competitiva (no todo el mundo sirve para todo), organizativa (sin jerarquías o burocratizaciones excesivas, exceso de reuniones) humanista (conciliación familiar por ejemplo; en el caso de las s organizaciones idiotas se premia a los que pasan más tiempo en la empresa fuera del horario, en vez de premiar por objetivos. ) relacional (relaciones internas y externas) o tecnológica (uso de redes o negocio electrónico) junto con factores como la cooperación o confianza influyen, sin duda, en el nivel de competitividad alcanzable por una empresa, como quedó así ayer expuesto en la masterclass organizada por el área de Excelencia Empresarial de la Cámara que dirige Francisco López.

Partiendo de la necesidad de tener clara cuál es la esencia del nuestro negocio, es fundamental que las empresas no sean clones sino que hagan cosas diferentes a las que hacen las de la competencia. Por ello, Carrión apostó por fomentar el emprendedor interno pero en conclusión, básicamente, recordó, “gestionar bien los equipos porque los empleados no se van de las empresas, se van de los jefes”.

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