Estalló el escándalo en El Ejido y me ha pillado ya con el desencanto a cuestas. O sea, que no me extraña. Lo preocupante es que se haya tardado tanto en que los grandes escándalos urbanísticos (municipales o no) salgan a la luz de la justicia. Ahora en El Ejido. Antes, algunas historias de construcciones ilegales en pueblos del interior; también una demolición minoritaria en Vera. Y los rumores, durante todos esos años, dando rienda suelta a multitud de corruptelas por los pasillos de los ayuntamientos. No estaría mal echar un vistazo a los subterráneos de, por ejemplo, Pulpí, Vera, Mojácar, Carboneras, Cuevas del Almanzora, Níjar, Almería, Roquetas de Mar…, en el mapa provincial. Así está la realidad desde hace bastante tiempo. El tema de El Ejido se ha colocado en el ranking almeriense, por su envergadura. Nada menos que veinte detenidos, presuntos implicados. Lo que pasa es que al amparo del escándalo ejidense suben a la superficie otros hechos, recuerdos de la memoria periodística, cuestiones que apenas trascienden. Y de eso va este momento que les propongo en nuestro particular encuentro, de ustedes, lectores anónimos, conmigo, un periodista en la sombra.