
La oportunidad que supuso la adhesión del Reino de España a la Unión Europea, la revolución telemática y las nuevas formas de venta (ventas a distancia, ambulante, automáticas, domiciliarias, en subasta pública, ventas en cadena, con prima, ventas de saldo, de restos de fábica) y hábitos de consumo han precipitado los profundos cambios que ha experimentado la distribución comercial minorista en Andalucía, obligando a un esfuerzo de modernización y adecuación a la realidad del mercado. Debido a la evolución de las últimas décadas, cohabitan en España dos sistemas de distribución complementarios entre sí: el primero constituido por grandes empresas y tecnología moderna, y el segundo integrado por las formas tradicionales de comercio basadas en empresas familiares y PYMES que siguen prestando importantes servicios a la sociedad al estabilizar la población activa, con trato más personalizado al cliente, pero que han de continuar un proceso de modernización y tecnificación que les permita afrontar el reto de la libre competencia. Todo ello en aras de la racionalización, mejora de la competitividad y creación de empleo en el sector, una mejora permanente de los precios, de la calidad y demás condiciones de la oferta y servicio al público, lo que implicará, en definitiva, beneficiar a los consumidores.