Para qué sirve la literatura infantil

En pleno ceremonial de la narrativa de nuestros días, dominada por la artificialidad de la llamada “novela histórica” y la banalidad de las narraciones que terminan transformadas en series de televisión (otro lenguaje, el de la imagen, diferente del literario), es recomendable dirigir la inquietud del rigor de la lectura hacia el mundo de la literatura infantil o de la poesía, dos territorios aparentemente sin contaminar por el mercado, aunque esto sea cada vez más difícil. Un ejemplo reciente, en el terreno de la narrativa infantil, es el libro El viaje de Edgar, de Pilar Quirosa-Cheyrouze (Tetuán, Marruecos), escritora almeriense que compagina sus itinerarios creativos por la literatura infantil, la narrativa y la poesía. Es en el campo poético donde mantiene su territorio más personal, lo que constituye también una especie de atmósfera que suele estar presente, en sus creaciones literarias de cualquier género.













