
Cuando nace un bebé, en cualquier parte del mundo, nace una estrella. Todos los niños y niñas del mundo, independientemente de su raza, color, religión o país al que pertenezcan, nacen con una estrella en su interior. Todos y cada uno esconden dentro de sí a Mozart y Einstein, a Teresa de Calcuta y Martin Luther King, a Madame Curie y Steve Jobs. Todos esos frágiles bebés tienen, al nacer, un tesoro extraordinario y maravilloso en su interior: el potencial de curar enfermedades y salvar vidas, de liderar a los pueblos, de construir imperios, de crear riqueza y prosperidad, de ser ejemplo para los demás, y de, en definitiva, desarrollar grandes vidas con las que hacer más felices a los demás y hacer avanzar a la Humanidad.