La Trastienda de Posidonia se llena en el estreno de ‘Yo quiero...

La Trastienda de Posidonia se llena en el estreno de ‘Yo quiero ser una chica Almodóvar’

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teatro posidonia almodovar¿Qué ocurriría si durante el montaje de una obra de teatro mezclas mujeres desesperadas, transexuales, travestis, personajes estrafalarios, humor y drama extraídos de las películas de Almodóvar? Pues que el resultado final se llamaría: ‘Yo quiero ser una chica Almódovar’, estaría dirigida por Pilar Barberá y protagonizada por las alumnas de un Taller de Teatro. Y luego se estrenaría en ‘La Trastienda’ de la Asociación Posidonia y seguro que colgaría un cartel con la palabra ‘Lleno’ en sus dos pases. Pues justo esto es lo que ocurrió el pasado sábado; Posidonia estrenó su nueva apuesta teatral: ‘Yo quiero ser una chica Almódovar’, con un éxito rotundo de puesta en escena y de público.

Una comedia de enredos al más puro estilo vodevil, que ha recibido todo el apoyo del público, desde el principio y hasta el fin. Y es que no es una tarea fácil seleccionar personajes y escenas de películas tan famosas como: ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’, ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?, ‘La flor de mi secreto’, ‘Tacones Lejanos’, ‘Volver’, ‘Los abrazos rotos’, ‘Todo sobre mi madre’, ‘Entre tinieblas’, ‘Kika’ y “La ley del Deseo”;  realizar un montaje de 70 minutos y sorprender al público durante este viaje que nos traslada del cine al teatro, de la mano de unas mujeres que viven situaciones tan rocambolescas como cotidianas, mujeres audaces, irónicas, tristes y encantadoras. Y es que la dificultad de Pedro Almódovar, a la hora de versionarlo en el teatro, requiere de un gusto especial por los personajes extravagantes que siempre se disfrazan de cínicos para decir la verdad; por las paradojas espumosas y por aquellas historias que parecen, solo parecen lo que, a veces, no son…

Lo atrayente de la obra, y el gran mérito, es la original puesta en escena y la interpretación de las alumnas Encarna Zapata, Carmen Amat, Marisa Vargas, Rosalía Urbano, Isabel Teva, Mª Ángeles Luque, Conchi Hache, con la  colaboración de ‘los Diegos’: Diego Armando Alías y Diego Rodríguez; todos bajo la dirección de Pilar Barberá. El universo Almodóvar está muy presente también en la escenografía, que nos asoma a un impreciso espacio de alta comedia, situada en los años 80, para poner en marcha la historia rociada con espíritu pop y con un puñado de canciones que aparecen como golpes de brisa. El enredo no pierde nunca la fluidez: la versión funciona, fluye y deleita al público. Su directora explica que “tras tantas horas de ensayo y dedicación, hoy tengo que felicitar a actrices y a actores, y agradecer la entrega del público. Confieso que hasta el último minuto estaba algo asustada porque es uno de los montajes más complicados a los que me he enfrentado desde el punto de vista técnico y dramatúrgico, aunque no he estado sola en este difícil proceso ya que las “chicas Almodóvar” se han implicado muchísimo en la fase inicial de búsqueda de escenas y propuesta de contenidos. Tengo la suerte de contar con unas alumnas muy creativas y trabajadoras”.

En cuanto a la dirección actoral, los personajes logran gran precisión en los ritmos tanto textuales como en sus acciones, además de solidez en el trabajo gestual y corporal. Desde el principio se percibe  que los actores se divierten interpretándola; sus papeles les obligan a desarrollar un amplio espectro de recursos interpretativos que manejan con gran soltura y que denota el arduo trabajo que han tenido que realizar durante el curso. En muchas escenas resuenan las carcajadas de los espectadores ante las situaciones de enredo tan propias de los guiones del director Manchego, que sabe rozar con los dedos las heridas abiertas de unos personajes que se mueven siempre entre el drama y la comedia. “Nuestro objetivo es sorprender y deleitar al público partiendo de un trabajo dramatúrgico y actoral muy elaborado, para que, cuando finalice la función, se marchen a sus casas con una sensación positiva. Si hemos conseguido algo de eso, si se ha percibido, todos los que formamos parte de ‘Yo quiero ser una chica Almodóvar’ estaremos felices y, a la vez, agradecidos, aunque seamos conscientes de que, en Teatro, nunca se puede dar un trabajo por terminado”, añade Pilar Barberá.

En definitiva, para ser una chica Almodóvar tienes que ser valiente, original rara y sin prejuicios. Su atractivo radica en la libertad de acción y pensamiento, con un carácter pasional y salvaje. El sábado disfrutamos de una obra positiva que ofrece 70 minutos de risas y que, sin embargo, maquilla un trasfondo de crítica social. ‘Yo quiero ser una chica Almodóvar’ hizo reír, impactó, despistó, sorprendió y –lo más importante- conectó con el público, desde la primera hasta la última escena.

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